La Iglesia posee un sistema educativo que asegura para su juventud una educación equilibrada, en lo físico, lo moral, social y vocacional, en armonía con las normas denominacionales y los ideales que tienen a Dios por fuente de todo valor moral y toda verdad.  Su mente y voluntad revelada constituyen el criterio de lo bueno y de lo malo. La iglesia se interesa en el óptimo desarrollado del niño en todo aspecto, tanto para esta vida como para la venidera.
Los adventistas del séptimo día dirigen sus propias instituciones educativas, desde las primarias hasta las universitarias con el propósito de transmitir a sus hijos sus propios ideales, creencias, actitudes, valores, usos y costumbres.
“Educar es redimir” es el lema que a lo largo de muchos años ha inspirado a los docentes adventistas a desarrollar la magna tarea de la Educación Cristiana